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Un legado de Néstor Kirchner

Lunes, enero 16, 2012
Diario Tiempo argentino
Autor: 
Rodolfo Mattarollo. Representante de la Unasur en Haití.
Fuente de Informacíon: 
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Qué duda cabe sobre lo mucho que falta hacer para const ruir/reconstruir Haití en todos los órdenes. Mis seis años y medio de trabajo y de vida en ese fascinante y sobrediagnosticado país no me autorizan para intentar ninguna profecía.
Sin embargo, preguntado en la ciudad de Montevideo el año pasado, en dos reuniones de ministros de diferentes países de la región, sobre el siempre enigmático futuro político de la única revolución ant iesclavista que conoce la historia del mundo y la primera república independiente de nuestra América, arriesgué una impresión fruto de esos varios años de vida y de trabajo en la patria de Toussaint Louverture: habría que afirmar una tardía conciencia del apoyo estratégico a un acuerdo de gobernabilidad que parece estar apareciendo después de tantas frustraciones y sufrimientos.
En efecto, desde que comenzó claramente la transición democrática con la elección de Jean- Bertrand Aristide en diciembre de 1990, por fin hoy con la Unión de Naciones Suramer icanas (Unasur) nuestra región se muestra más claramente inclinada a cont r ibuir, en el respeto de la soberanía, la independencia y la identidad histórica y cultural de Haití, a ese gran acuerdo de gobernabilidad que parece imperativo buscar.
Dicho acuerdo puede no ser una condición suficiente, pero sí una condición necesaria del desarrollo humano y sostenible en Haití. Tiene una vertiente interna –el pacto entre los actores locales- y otra externa, el respeto de la independencia del que en la arena internacional algunos han considerado un “Estado fallido”.
La Unasur está presente en Haití por decisión política de todos sus componentes y debido al impulso determinante otorgado a esa política solidaria por el entonces secretario general de la organización, el ex presidente argentino Néstor Carlos Kirchner, entusiastamente acompañado por el joven primer mandatario del país sede, el presidente Rafael Correa Delgado del Ecuador.
El segundo aniversario del terremoto, el pasado jueves 12 de enero, transcurrió necesariamente como una jornada de dolor y de balances. En el último informe de desarrollo humano elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), sobre 187 países considerados, Haití ocupa el lugar 158. Si se comparara con la Argentina –a la que se atribuye el lugar 45- se advertiría que mientras aquí la esperanza de vida al nacimiento es de 75,9 años, en Haití sólo alcanza a 62,1. Mientras en la Argentina la escolarización media en años es de 9,3 en Haití se ve reducida a 4,9. Mientras el ingreso nacional bruto por habitante en Argentina, equivale a 14.527 dólares anuales, en Haití es apenas de 1.123.
A pesar de todo el cuadro sería parcial si se ignorara el heroico esfuerzo de muchos haitianos, dentro del Estado y en la sociedad civil, y de actores internacionales, incluida la Unasur y sus países miembros, que luego de la trágica progresión inicial (7000 muertos) han logrado finalmente contener la epidemia de cólera que apareció en octubre de 2010, desarrollar la prevención y tratar a muchos enfermos, reconstruir escuelas y hospitales, asistir a mujeres víctimas de la violencia, continuar trabajando en favor de la seguridad alimentaria, construir viviendas para los desplazados internos, asistir y orientar a las víctimas de la impunidad de las graves violaciones de los Derechos Humanos durante los períodos dictatoriales y reforzar el Estado de derecho apoyando la reforma judicial y del sistema penal.
Por supuesto los desafíos básicos continúan dramáticamente planteados en materia de los derechos al trabajo digno, a la salud, la educación y la vivienda, y a un medio ambiente sano y equilibrado, lo que remite una vez más a la necesaria consolidación de una democracia avanzada, capaz de responder a las necesidades humanas básicas en términos de derechos y de superar por lo tanto la enorme sujeción al exterior y la tremenda desigualdad social enemiga del desarrollo humano y sostenible.
La Unasur, percibida como una presencia amiga en Haití, está esforzándose en encontrar una modesta pero eficaz respuesta a esos retos colosales.
Su Secretaría Técnica es una operación enteramente sostenida por la Repúbl ica Argentina, que esta coloca generosamente bajo la bandera de la Unasur, con sus recursos humanos, sus aportes tecnológicos y sus incidencias financieras.
Estamos ante grandes desafíos frente a los cuales parece válida la conocida fórmula propuesta para enfrentar los procesos de cambio radical en nuestra época por Antonio Gramsci, quien, lejos de todo simplismo, preconizaba en esa situación histórica la necesaria alianza entre el pesimismo del intelecto y el optimismo de la voluntad.